| Foto Thiagosurfeiro |
Hoy en día es difícil ya escuchar alguna tontería que te
impresione, con la cantidad de papanatas, gilipollas, meapilas, y psicólogos en
paro que pueblan este universo que llamamos España. Pero aún así, a veces lo
escuchado supera todo lo imaginado. Y, aunque no quieras caer en la banalidad de la
cultura del pelotazo –o de la crisis, que total es lo mismo-, cambiando de
canal mientras comes el chusco que el menguante sueldo que entra en casa te
permite (mis padres son los dos funcionarios, (así que han perdido, bajo el PP,
cada uno un 20% de poder adquisitivo mas sus dos pagas extras y eso se empieza
a notar), escuchas en la televisión algo que te deja alucinado.
Un buen señor con cara de no mojar en su puta vida,
promocionaba su libro – cosa que me parce muy lícita, por otro lado- sobre la
felicidad y las maneras de lograrlo. El sostenía la tesis de que mucha de
nuestra infelicidad venía del hecho de que pretendemos lograr lo que no
tenemos; y –hasta aquí todo era más o menos normal- la receta consistía en bajar
el nivel de aspiraciones, algo que yo mismo he recetado en algunas ocasiones.
Pero entonces, tuvo la mala idea de proponer un ejemplo. Y
el ejemplo consistió en decir que mucha gente era infeliz porque “buscaba una
pareja”. Eso ya me dejó mosqueado. Se puede ser infeliz, efectivamente, por no
tener pareja. Pero no puedo entender porqué vas a ser infeliz por tenerla. Ni
por qué esa búsqueda tienes que conducirte irremediablemente a la desgracia. Pero
cuando aquel propio la remató fue cuando dijo que: “yo soy feliz sin pareja (ya
digo que su cara era la de un pepino que no ha follado en su vida), y que
montones de curas y monjas eran felices sin tener pareja... ¡La cagamos! Aquel
imbécil estaba proponiendo poco menos que el celibato. Soslayando que no creo
que haya preguntado a muchos curas y monjas por su nivel de felicidad, y que –en
buena ley- los religiosos “técnicamente” tienen pareja, y la mejor además,
puesto que se casan con dios nada menos, si fueran tan felices no estarían todo
el día dando por culo a los demás, y no solo literaria y doctrinalmente, sino “realmente”
a los pequeños alumnos a los que dan clase mientras meten mano. Hay que ser muy memo para proponer hoy a curas y monjas como ejemplo de nada. Vete tu a una discoteca a decirle a todos aquellos jóvenes que solo buscan pinchar, que no, que lo mejor es hacerse pajas en la soledad de tu cuarto de baño (como hacen seguro, por otro lado, esos religiosos en sus cubículos). Puedes ser mas feliz si renuncias a ese descapotable que tienen los banqueros que nos llevan a la ruina, pero no vas a ser mas feliz por renunciar a tener pareja.
Evidentemente es descorazonador escuchar estas tonterías en
un canal público. Todo el mundo sabe que con pareja se puede ser feliz o
infeliz, igual que no teniéndola. Aunque, siempre he dicho que, tal vez, lo
único que justifica nuestra existencia, es precisamente la búsqueda del amor.
Ese amor que incluso alguien como Jesús predicaba, pero que curas y monjas se
han encargado de estigmatizar.
Amar es bueno, tener pareja es bueno, follar es bueno… Es
así de sencillo. La infelicidad, desde luego, la llevamos nosotros dentro.
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