Ayer volví al teatro. Creo que voy a llegar a ser un
respetable y tuberculoso crítico de teatro, a este paso. El caso es que el
grupo con el que voy – ellos se encargan de todo, la verdad- se han hecho fans
del más reconocido talento de nuestra escena. Y vamos a ver todo lo que hace
Miguel del Arco, que ya conté que fue alumno de mi madre.
Esta obra, “De ratones y hombres” rompe un poco con todo lo
que había visto de él. Es una obra dura, por decirlo suavemente. Visual y
escenográficamente muy bien resuelta, la acción gira en torno a la amistad
entre dos hombres, uno de ellos subnormal, en un ambiente rural típicamente norteamericano.
No en balde es una obra de Steinbeck.
Aunque el conflicto se adivina pronto, el idiota Lenny no es
consciente de su fuerza ni la controla, la obra transcurre fluida y se deja ver
sin que se haga larga a pesar de su duración de dos horas y media sin descanso.
Quizás le falte algo de “teatralidad” si la expresión valiera, pues muchas
veces se deja llevar por el típico discurso realista norteamericano de plasmar
la cotidianeidad, esos momentos en que parece que no pasa nada, que los actores se encienden un pitillito y hablan del tiempo. Tampoco queda muy brillante el único papel femenino – una mujer
casquivana y provocativa-, y para mi gusto mal representado, por la novia de
mi amado Martín Rivas, la joven y guapa actriz Irene Escolar.
¡En fin, cenar enfrente de mi amado Martiño (que por cierto, mucho más bajo de lo que yo pensaba aunque igual de guapo), bien vale los 20 euros que tuve que cotizar por una mierda de patatas bravas y unas infames croquetas! Y Madrid ya animadísimo con todos los aficionados vascos y catalanes que apoyarán a sus equipos hoy en la copa del Rey Cazaelefantes. Bezos.





