Este post ha sido clasificado como un "5 pollas" por el autor (o sea eu).
Después de unos días muy calurosos, el primer día de lluvia Juan Saunas se dirigió de nuevo a una sauna buscando ese amor que tanto ansiaba, como buscan las plantas esas primeras gotas del otoño.
Es curioso pero Juan Saunas, siendo un romántico empedernido, se siente muy excitado en cuanto entra en una sauna, sabedor de que allí tal vez esté esperando el hombre al que amar toda la vida. –El amor es muy excitante-, siempre dice Juan Saunas a propósito de este curioso efecto. Es verídico, la polla se le pone tiesa apenas se desviste, y ya en la ducha puede lucirla en todo su esplendor. Los demás parroquianos puede apreciar así que Juan Saunas es un empedernido romántico que busca encontrar dónde depositar todo su… cariño.
Juan Saunas, después de esa primera ducha y mientras examinaba a los posibles candidatos a novio, se puso a ver en la tele una de esas películas pornográficas con unos americanos cachas y rubicundos follando en unas posturas que a nuestro romántico héroe se le antojaban imposibles. “Eso no es amor, -pensaba Juan Saunas-, eso es follar”. Al poco tiempo, se sentó a su lado un chico guapo pero bajito, que comenzó a masturbarse mientras lanzaba a Juan Saunas unas mas que insinuantes miraditas, notando tal vez ya que el corazón de Juan Saunas estaba a punto de reventar de amor. Juan Saunas se puso a mil.
Entonces se levantó y se marchó al yacuzzi. Con una excitación del quince se metió dentro de la pileta a pesar de que ya estaban allí sumergidos otros dos chicos. Uno de ellos con un curioso bigote, que no dejaba de mirar el rabo de Juan Saunas, sin duda fascinado por la firmeza de su excitación. El otro chico era un joven la que solo se le veía la nuca y la parte de atrás de los brazos, pues estaba de espaldas dentro de la piscina, ofreciendo unas redondas nalgas que parecían flotar por encima de la superficie. Eso si, los brazos parecían firmes y poderosos, y Juan Saunas ya se estaba enamorando de aquellos protuberantes bíceps.
Juan Saunas estuvo un buen rato quieto, al igual que sus compañeros, hasta que la urgencia de aquel amor tan grande que ya parecía estallarle dentro de su cuerpo hizo que decidiera empezar un leve movimiento de ataque. Se estableció así un contacto con aquel chico que ofrecía su espalda –y lo que no era la espalda, la verdad-, contacto que el joven no rechazó y que resultó muy agradable. Juan Saunas ya estaba loco de amor por aquel desconocido. Pronto se juntaron las piernas mientras aquel chico comenzó a maniobrar para estar mas cerca de Juan Saunas. Seguía situado de espaldas, pero eso no impedía que levantara un enorme y precioso culo sobresaliendo intermitentemente de las superficie del agua. Y que por debajo del agua Juan Saunas pudiera tocar, primero con los pies y luego con las manos, su rabo y sus huevos.
Cuando Juan Saunas, ya loco de amor, tocó aquellas poderosas piernas con sus manos, se puse a mil. El desconocido tenía unas piernas muy poderosas, unas maravillosas piernas de futbolista. Unas piernas como Juan Sauna no había acariciado jamás. Pensó que sería capaz de amar con locura y eternamente al feliz poseedor de aquellas magníficas columnas.
El chaval seguía sacando el culazo por encima del agua, pero sin dejar de acercarse al ya enamorado Juan Saunas, hasta que puso su culo a la altura de su polla. Juan Saunas, ya lanzado, intentó penetrarlo allí mismo. Al fin y al cabo, aunque dentro del yacuzzi, era ya aquel chico su único y verdadero amor. Mientras su amado, le acariciaba el resto del cuerpo con sus pies, animándole a lograr aquella húmeda penetración. “El amor es duro” pensó Juan Saunas, mientras contemplaba como aquel señor de bigote permanecía allí asistiendo a sus esfuerzos por lograr la penetración. Eso sin contar que por allí pasaban todos los que se dirigían a las duchas, que no dejaban de echar una miradita a lo que ocurría en aquel yacuzzi. Y es que el amor, es algo tan milagroso que siempre llama la atención.
En un momento dado, aquel joven ansioso, tan falto de cariño seguramente como el propio Juan Saunas, se introdujo el dedo gordo del pie derecho de Juan Saunas en su boca y comenzó a chupárselo. Juan Saunas se puso tan encendido que por poco derrama allí mismo el fruto de su enamoramiento. Así que tuvo que levantarse, y mostrando su rabo erecto, salir de allí con toda la dignidad de que fue capaz, teniendo en cuenta las circunstancias, dirigiéndose a la cabina de vapor.
Lo asombroso del asunto es que su nuevo amor le siguió al poco rato, y se acostó en la repisa, poniendo su boca a la altura del rabo de Juan Saunas, que se la metió en la boca al punto. Así que allí mismo, pletórico de amor, lo estuvo follando por la boca mientras otros dos o tres tíos permanecían por allí mirando. Juan Saunas estaba eufórico y locamente enamorado, tanto que tuvo que parar, para no soltarle a su amado el fruto del deseo en la mismísima boca. De nuevo, y para no poner fin a aquel romance, tuvo que levantarse y, después de una ducha, volver a las cabinas para descansar. “El amor tiene mucho peligro”, pensó Juan Saunas mientras se recostaba en una de aquellas colchonetas verdes de una cabina, teniendo la precaución de dejar la puerta abierta, para que todo el mundo pudiera contemplar lo enamorado que se encontraba todavía.
Lo pasmoso fue que, al poco tiempo, aquel chico le siguió a las cabinas, todo ello sin solución de continuidad. No cabía duda de que aquel joven, al que Juan Saunas ya amaba –sobre todo sus piernas- sabía reconocer a un buen romántico cuando lo tenía delanta o, incluso…, detrás.
El chico pasó por delante de Juan Saunas y se metió en la cabina mas cercana, mostrando de nuevo su espalda y su trasero. Juan Saunas pudo entonces ver bien al chico que ya amaba y por el que ya suspiraba. Se dio cuenta de que era muy guapo y tenía, además de las ya dichas piernazas, un buen cuerpo. Tenía el pelo muy negro y algo encrespado y peinado con una céntrica cresta de esas que se llevan ahora. Juan Saunas se levantó de su colchón y acercándose a la cabina de su amor, empezó a acariciarle la espalda y las recias piernas. El chico no dejaba de ofrecer su trasero. Y Juan Saunas, pensando que al fin y al cabo, la penetración no era sino la sublimación de todo el amor que alguien como él podía regalar, empezó a penetrarle. Cosa que hizo sin mucho esfuerzo. Se veía que aquel chaval ya había tenido novios antes. Juan Sauna permaneció un buen rato dentro de aquel ano de su nuevo amor, moviéndose ahora lentamente, ahora con mas energía, según las circunstancias. Su amado parecía disfrutar, pues mientras sentía todo el peso del amor de Juan Saunas encima no dejaba de murmurar: “No te corras, no te corras todavía”. Como si fuera tan fácil no correrse estando tan enamorado, pensó Juan Saunas, antes de salir de aquel sagrado orificio para soltar el fruto de su cariño en la espalda de su ya nuevo novio.
Aquel jovenzuelo debía estar tan enamorado de Juan Saunas como Juan de él, pues no se quedó conforme, y entonces se tendió de frente con el rabo tieso hacia arriba, ofreciéndoselo a Juan Saunas para su disfrute. Cosa que hizo sin mucho miramiento, metiéndoselo en la boca. Justo en el momento en que estaba pensando en preguntarle a aquel chico el nombre para formalizar relaciones se encontró con su polla entre los labios. El chico primero se puso de pie, y luego, de un enérgico movimiento, le dio la vuelta a Juan Saunas con la clara intención de penetrarle. Juan Saunas, ya completamente rendido al amor, se dejaba hacer.
De nuevo, Juan Saunas, de tan lleno de cariño que se encontraba, estuvo a punto de cometer una locura. Pero cuando su amado empezó a emitir unos extraños gemidos, se corrió ya sin precauciones, mientras lo hacía también su novio, ya fuera de su cuerpo.
Juan Saunas se quedó exhausto. Tanto que cuando se dio cuenta apenas pudo ver aquellas troqueladas piernas de su amado saliendo por la puerta de su cabina, sin que le diera siquiera tiempo para poder preguntarle su nombre. Le dio tiempo a pensar que “el amor es muy breve, aunque se quiera sustentar sobre las mas recias columnas”, frase que le pareció una ingeniosa metáfora relativa a las piernas de su amado. Pero Juan Saunas sonrió al pensar que no había quedado ni una sola dependencia de la sauna donde su cuerpo no hubiera disfrutado con aquel chico de las piernas de futbolista; aunque el amor… el amor tal vez se esconda en otras dependencias mas ocultas y secretas, para que finalmente tengas que contemplar como se te escapa una vez mas; y esta vez “por patas”.