A la tía Josefa, cuando va al pasto con las vacas, se le aparece el arcángel San Gabriel. La tía Josefa va de negro riguroso desde que murió su padre, el tío Bernardo. Hasta el pañuelo que lleva en la cabeza es negro. La tía Josefa cuando no va al pasto se pasa el día sentada en un banco de piedra que hay delante de la casa familiar. Si vas a visitarla te da un vaso de agua que saca de una sella que tiene siempre en el alfeizar de la ventana de la cocina. Nunca supe porqué la tía Josefa no te daba un vaso de agua del grifo; siempre era de aquella sella.
Al entrar en la casa de la tía Josefa uno se encuentra a la derecha la enorme cocina donde está esa sella de donde saca siempre el vaso que te ofrece si tienes sed. Un vaso de duralex que luego vuelve a dejar allí al lado y sin lavar, hasta la siguiente visita. A la izquierda, se pueden ver las cuadras. Por la ventana que se crea al dejar abierta la hoja superior de la vieja puerta de madera de la cuadra siempre está asomada la vaca a la que llama Marela. La tía Josefa tiene tres vacas: Marela, Roxa y Careta. Cuando la tía Josefa las lleva a pastar al coto del prado, es cuando se le aparece San Gabriel.
San Gabriel no le da ningún mensaje a la tía Josefa. Eso nos tiene desconcertados. Lo normal en estos casos es que cuando se aparece un santo o un arcángel te entregue un mensaje: debes rezar por la salvación del mundo, es uno de los más utilizados por estos aparecidos; o bien suelen avisar de manera perentoria que el mundo se va a terminar pronto, entre grandes desgracias y tormentos. El arcángel San Gabriel sin embargo no parece que tenga mucho que decirle a la tía Josefa, pues ésta siempre vuelve tan tranquila. Como mucho, cuando llega del pasto, la tía Josefa dice que hay que meter dentro las gallinas porque parece que va a llover. Y aunque nadie vea ninguna nube, como nadie puede ver tampoco a San Gabriel, acaba lloviendo. La verdad es que un anuncio climatológico parece un pobre mensaje para tanta aparición. La tía Josefa, ya digo, nunca nos ha revelado cuál es el mensaje que le da San Gabriel. ¿Y para qué lo quieres saber?, contesta invariablemente cuando le preguntan. Las vacas tampoco nos lo han dicho, obviamente.
En el pueblo de la tía Josefa ya hubo varios prodigios mas. Uno de ellos fue que hace tiempo llegó por allí una virgen flotando en una barca. Lo que no sería raro pues el pueblo es un bonito cabo rodeado por agua por todas partes menos por una, si no fuera porque la barca era de piedra. Y la piedra no suele flotar como todo el mundo sabe. En esa parte por donde el cabo se une al resto de la tierra, es donde se encuentra la casa de la tía Josefa, claro. Parece que la barca de piedra flotaba, pero la casa de la tía Josefa no flota para nada, tan solo se desvanece los días de niebla. Sin embargo los días de niebla no se aparece San Gabriel; al arcángel no le debe gustar la niebla o padece de artrosis. La tía Josefa tiene esa imagen que apareció en una barca de piedra por la playa, en el salón de su casa. Bueno, decir que es una imagen es mucho decir. Realmente es una cabeza insertada en un palo de una escoba. Pero la tía Josefa la viste todo los años con unas preciosas túnicas bordadas por ella misma para el día de la fiesta de Santa Comba, y mantiene el privilegio de peinarla y colocarla en su ermita en el altar. Al lado de la ermita de Santa Comba, a la que solo se puede acceder cuando baja la marea, se encuentra la barca de piedra que trajo a la virgen a ese lugar. Aunque para algunos no era tan virgen, pues parece que estaba liada con San Martín; eso al menos dice Don Ramón, el cura del pueblo. Puede que San Gabriel le diga a la tía Josefa como tiene que vestir cada año a la imagen de Santa Comba para llevarla a la ermita el día de la fiesta, pero no lo sabemos.
En el pueblo de la tía Josefa, ha habido otros prodigios. Un domingo de mayo, toda la aldea amaneció oliendo a nardos. Y luego, más tarde, cuando todo el pueblo salía de misa, llovieron parrochas del cielo. Pasar de un olor de nardos a uno de parrochas no es algo que el pueblo haya podido olvidar. Otro milagro que ocurrió en el pueblo es que una vez rodó allí una película Win Winders, película que se llamaba La Letra Escarlata. La tía Josefa salió de extra en esa película. Por aquel entonces ya se le aparecía el arcángel San Gabriel. Al lado de la tía Josefa vivía Jean de Pita, al que un cerdo le comió la pilila. En el único bar del pueblo le contaron esta historia a Win Winders por si quería hacer una película, pero no pareció importarle. Se interesó mucho más por los percebes que se estaba comiendo.
Es un milagro que con tantos sucesos misteriosos y con tantas y tan importantes apariciones la tía Josefa haya permanecido virgen toda su vida. Aunque hay quién cuenta que la última vez que se le apareció el arcángel a la tía Josefa estaba en el pasto con las vacas retozando en un día gris de niebla espesa, justo al lado de la ermita de Santa Comba el día de la fiesta del pueblo, con un ayudante de realización de Win Winders, mientras éste se comía aquellos exquisitos percebes.
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