lunes 29 de agosto de 2011

EL POBRE DEL GADIS DE LA CALLE FERNANDO GONZALEZ

A la puerta del Gadis de la calle Fernando González en A Coruña hay un pobre con un perro, como a la puerta de tantos supermercados de España. Pero lo que hace especial a este pobre es que es, además, es un intelectual.

Es joven y parece sano y aseado, aunque tal vez para encontrar trabajo resulte un poco bajito. Se le ve poca cosa y su aire de intelectual no le ayuda. Siempre está leyendo un libro mientras su perro sestea en una manta. Y no deja de saludar a todas las damas de la buena sociedad que habitan por la zona y compran en ese establecimiento, a las que les abre la puerta y sostiene las bolsas mientras abren el coche. Este pobre del Gadis de la calle Fernando González no lee libros cualesquiera, son libros profundos de poesía y de historia. Se ven libros bueno, “gordos” y caros. Tal vez pida dinero para comprar libros. O tal vez los saque prestados de una biblioteca, después de asearse en los baños públicos.

Se presta al diálogo con todos aquellos que lo fomentan. A menudo se encuentra discutiendo de política, de economía, o de literatura con los maridos de las clientas, que prefieren quedarse a la puerta de la tienda hablando con el pobre intelectual que pasar a revisar las estanterías con sus mujeres para acabar comprando un vim, unos danone o unas galletas maría. El otro día, sin ir mas lejos, el pobre intelectual aguantaba un rollo de un presunto enteradillo que le estaba explicando como en la antigüedad no existía el dinero, que en aquella época primitiva lo que se llevaba era el trueque, que se cambiaba un caballo por una gallina, unas patatas por unas lechugas, y todo así. Yo no pude dejar de pensar mientras le escuchaba que ya entonces, en aquellos tiempos inmemoriales, había quien hacía ya buenos y malos negocios, pues cambiar un caballo por una gallina se me antoja a mí algo ruinoso, francamente. No sé cómo harían los hombres de Cromagnon para calmar a los “mercados”. Después de aquello, pasó a contarle al pobre pobre el año en que se empezaron a usar minerales para acuñar monedas y, posteriormente, el año en que empezaron a usar los billetes. El pobre intelectual aguantaba aquel pesado discurso con toda el estoicismo que ser un desarrapado a las puertas de un supermercado le permitía. El cliente pelma acabó contando como George Washington era, en realidad, el tercer presidente de EEUU y no el primero, en contra del saber popular, pues los dos primeros no lo fueron por votación. Finalmente, salió la mujer que aquel pesado estaba esperando y, sin darle al pobre intelectual ni una sola moneda, y después de soltarle aquel discurso tan pesado, se marchó muy ufano, pensando que había tenido su momento de conversación –y de gloria- diario haciendo el bien.

Yo no puede por menos que pensar que aquel pobre e intelectual –tal vez las dos cosas peores que se pueden ser hoy en día- cumple así una importante misión social, y se tiene bien ganado los pocos beneficios que pueda lograr al final de la jornada por aguantar los rollos pseudointelectuales de todos aquellos que se creen mas ricos que él, solo por no tener que pedir a las puertas de un supermercado.

14 comentarios:

Munani dijo...

Pareciera que él mismo se gana su suerte, pero mira que yo prefiero a este pobre intelectual que a los que te quitan monedas con amenazas.

Saludos!

Gary Rivera dijo...

que personaje tan curioso! que lea me parece interesante, pero que no tenga trabajo me parece mal!

Aqui es moneda corriente encontrarse gente sub empleada o desempleada en cualquier lugar.
Un abrazo Thiago!

Observatorio Gay Granatense dijo...

Por la puerta del CORTE INGLÉS pasa siempre un mendigo rebuscando en el cenicero de la salida las colillas de los cigarros, yo siempre que me doy cuenta, si llevo el tabaco encima, le doy dos o tres, para "que se fume usted algo en condiciones, hombre de Dios"... aunque ya sé que con eso no resuelvo nada...

Christian Ingebrethsen dijo...

De vez en cuando uno se encuentra por la calle con personas así, yo siempre me encontraba por la calle Granada de Málaga a una señora ya mayor que cantaba ópera (muy bien, por cierto) y luego pasaba el platillo para quien le quisiera echar dinero.

Besos.

Manuel dijo...

El intelectual también tiene ganado el cielo escuchando una perorata como esa del trueque y el dinero y Oba...Washington.

Saludos

Z dijo...

Lo peor de ser pobre es tener que aguantar a los que se creen, por ricos, superiores a tí, y sus aleccionamientos absurdos. Porque de pobre no te saca ni el tato, ya sea en el mundo actual, o cuando usábamos el trueque y tú para cambiar no tenías más que las piedras del camino.

A mí lo que me llama la atención es que, de un tiempo a esta parte, la gente ha vuelto a recolectar en los contenedores de los supermercados, y oye, con toda la dignidad del mundo. Cosa que yo apoyo totalmente, si una gaviota puede vivir de lo que dejan allá, también puede alguna persona. Y ya se sabe que las gaviotas y yo no nos llevamos demasiado bien, jeje. En mi caso, llevo una semana tomando yogures caducados de finales del mes de mayo! (estaban escondidos en un rincón de mi nevera y fue todo un descubrimiento, en plan "la isla del tesoro", tendré que hacer un mapa de mi nevera?)y sigo tan vivo como siempre (y coleando lo mismo, es decir, nada, jajajaja).

Alfonso dijo...

Son curiosos, una vez en Alicante, estando yo más solo que la una, entablé conversación con una señora pobre que vendía 'La Farola'. No pretendí darle lecciones de nada, pero sí la escuché; es curioso como la vida te da vueltas para llegar a un punto como ese.
Chapeau por el post de hoy. Seguro que te lo pillan de El País, ya verás :)

ZOWI dijo...

Hoy en las noticias decían que en Sevilla el nuevo ayuntamiento quiere prohibir que los gorrillas sigan pidiendo dinero.

Pues en Coruña tendrían que hacer lo mismo. ¡Qué es esto de un pobre intelectual pidiendo!. Una verguenza. Esas señoras, que después de ver el Sálvame, se acercan a comprar sus cosas de señoras no se merecen esto. Si al menos fuera un desarrapado maloliente...

Es que los pobres ya no respetan las tradiciones. Donde esté un mendigo sin un brazo o una señora con el pañuelo en la babeza...

Pero un intelectual.¡Dónde vamos a llegar!

Besos y agur

Stultifer dijo...

Yo tengo un negro. Bueno, lo tiene Mercadona. El que hay a la izquierda de mi casa a 3 kilómetros en coche. El Mercadona de la derecha, a dos kilómetros de mi casa no tiene negro público; allí solo hay vendedor de cupones de la ONCE. Pues mi negro dice buenos días y con los ojos pide algún artículo alimenticio. Le pregunto siempre qué es lo que quiere y me contesta que zumo. No es zumo para él. Mi negro es el acaparador de alimentos que reparte luego entre un grupo de negros, de otros negros. Creo que no les interesan mucho los libros a mis negros. Quieren zumo.

Angel dijo...

Ufffff! si se entera ese chaval que en mi barrio suele aparecer mi madre, se cambia de ciudad. Este invierno apadrinó a un pobre rumano que pedía en la entrada del Centro Comercial y no contenta con darle una buena limosna diaria al entrar... le compraba hasta bocadillos...
Verdaderamente... triste sociedad donde las diferencias sociales son tan grandes y donde lo insensible ya forma parte de nosotros mismos. Triste sociedad que se ha acostumbrado a convivir con sus pobres a la puerta de los supermercados.
Y... quizá tristes de nosotros que muchas veces nos pensamos más ricos que esa gente, cuando ellos son portadores de verdadera riqueza.

Besos, enano polvorones!

Montse dijo...

Thiago, por desgracia, hay muchos intelectuales , que se ven en esas circunstancias, por la maldita crisis y no encontrar trabajo, y si lo encuentran el nivel de la oferta es muy bajo, pero hay que vivir y salir a delante como sea. No me gusta mi trabajo, pero no tengo nada mejor. En casa mis hombres estan parados, yo soy la única que tengo trabajo fijo ( de momento y cruzo los dedos). Bsitos.

Merche Pallarés dijo...

La situación social está trágica... Que un joven, educado, culto tenga que pedir a las puertas de un supermercado es que hemos caido MUY, MUY bajo. Veremos lo que nos depara el destino... (igual termino yo pidiendo a las puertas de "El País"...). Besotes, M.

Pimpf dijo...

Uhmm, no es el único que prefiere quedarse en las puertas de los supermercados, a mi me ha pasado no hace mucho, bueno, el que compraba era yo.

De estos que piden así en los supermercados hay pocos, yo creo que tiene que venderse, con lo que debe saber ese chico de otra forma, sinceramente, eso es que no ha estudiado mucho de marketing, aunque ahora, de otra cosa no, pero de economía ya sabe rato largo, seguro.

bicos ricos

Pimpf dijo...

Agradecerle a Z que no me invitase a cenar en su casa, jajajaja

BR