sábado 25 de junio de 2011

LOS SÁBADOS POST VINTAGE: "GODOT YA ESTUVO AQUÍ"

Una obra de teatro en un acto sin entreacto, para pasar el rato.

Personaje 1, un pobre: - “¿Por favor, tendría unas monedas para poder comer algo?”

Personaje 2, Godot: - “Mira, voy a hacer algo mejor, te voy a explicar que esa no es una manera de pedir. No tienes ni idea. La frase no está bien construida y el mensaje se pierde. Debes de pedir de la manera correcta, sino no conseguirás nada. Lo importante en una comunicación es que el mensaje sea claro y no se disperse. Lo dice la Semiótica, lo sabe todo el mundo. En tu petición no queda claro si el que tiene que comer algo eres tú o soy yo. Yo puedo tener unas monedas para comer yo, y ¿qué? ¿qué ganarías tú con ello?

Porque yo puedo tener unas monedas, pero no quiero comer puesto que ya comí y puedo pensar entonces que son para ti, ¿pero qué monedas? ¿qué tipo de divisas aceptas? No entiendes que te puedo dar unas monedas chinas o japonesas con las que difícilmente comerías. Tendrías que ir a un banco a cambiarlas y perderías parte de las ganancias en comisiones. ¿Podrías comer con esas monedas? No. También puedo darte unas monedas, pero ¿cuántas? ¿Cuántas tienes tú ya, y a cuántos has pedido? ¿Cuánto te falta? ¿Por qué te voy a dar más monedas de las que te hacen falta, si pides para comer algo? Igual te doy de más.

Además ¿Qué quieres comer, el plato del día o un menú caro? Igual quieres comer marisco y eso no sería ético. Tendrías que pedir más de lo que yo te podría dar, o tendrías que devolver todo, pues a la gente le da como grima que un pobre coma marisco; o puede incluso que no te dejan entrar en la marisquería. Puede que no tengas dientes para comer marisco y entonces te hace falta dinero para arreglar antes los dientes. Entonces la cantidad que yo te pudo dar no te arregla nada, desde luego no te va a llegar para un odontólogo. Incluso puede que comas demasiado si juntas mucho dinero y te siente mal tanta comida; luego te dolerá el estómago y a lo mejor tienes que devolver lo comido, con lo cual darte a ti unas monedas sería como tirarlo por un sumidero. O, lo que es más grave, tendríamos los viandantes que abonarte la factura del médico o de un hospital, puesto que hemos sido los culpables de que tu hayas comido y te haya sentado todo tan mal, y todo porque te hemos dado demasiadas monedas ingenua y alegremente ¿entiendes? Deberías comer ordenadamente para no arriesgar tu salud y nuestros bolsillos. Los pobres sois unos recalcitrantes, no os dejáis ayudar. Me has metido en un compromiso, pero es mejor salvar a un banco mundial en crisis, que darte a ti una limosna, como comprenderás, con darte unas monedas a ti no se arregla el mundo.

Tu petición tendría que tener otra estructura gramatical y ser más correcta. Seguramente pedirías mejor y tu petición sería más eficiente y más productiva. La productividad es importante, lo dicen todos los economistas. Y los economistas no se van a equivocar. No te compensa estar aquí 12 horas pidiendo si no consigues la meta que te has propuesto. Tu rendimiento personal al final se resiente y eso puede llevarte a la depresión. Fíjate que panorama: ahora además de pobre, deprimido. La manera correcta de realizar tu petición debería ser: “Amable caballero, ¿puede usted atenderme, por favor: Le sobrarían a usted unas pocas monedas de curso legal no mayores que un euro pero algo mas de 10 céntimos, que me permitan a mi conseguir una cantidad justa con la que pagar una modesta comida propia de mi condición de desheredado y paria del mundo, evitando el escándalo público de comer más de lo que en justicia me corresponde, sin que ello vaya en perjuicio de la banca internacional?” ¿Ves? En vez de regalar un pescado al hambriento es mejor enseñarle a pescar. No has tenido oportunidades, pues te jodes; pero has tenido la suerte de encontrarte conmigo.

Y además, no tengo ninguna moneda para darte. ¡Lo siento!"

17 comentarios:

en las nubes dijo...

Muy bueno ;D

alvaro Locx dijo...

Jujujuju... pues que tal el Godot se como la olla como tu dices y como alguien que ambos conocemos, mucho pensar.

En otro orden de ideas hoy te dedicado mi último post y una reflexión y claro te convido a que leas si no lo haz hecho Como agua para chocolate un libro de Laura Esquivel que por otro lao sería un exquisito regalo para mi suegra porque también es un recetario de comida maravilloso.

Besos.

Rodrigo Rodríguez dijo...

Interesante historia, me ha gustado.

Un abrazo nene !!.

Z dijo...

O sea, que encima de darle la chapa dejaste al pobre más pobre en tiempo e igual de rico. Pues pobre pobre.

Gary Rivera dijo...

que interesante! Y se nota que Godot no ahorra palabras ni su tiempo, Yo le hubiera dado unas monedas y ya! jajaja


Muy buena historia!!!

Observatorio Gay Granatense dijo...

Cuentan que en una ocasión un mendigo olió un pastel que se estaba enfriando en el alfeizar de una ventana... el pastelero denunció al mendigo ante la justicia, reclamándole el pago por haber olido el pastel... ante la perplejidad del mendigo fue detenido y llevado a juicio... el juez le condenó a pagar dos monedas de oro, para que el pastelero dejase de incordiar... el mendido, enfadado, arrojó las dos monedas sobre el mostrador del juez que sonaron estrepitosamente... pero entonces el juez le dijo al pastelero: "Como este hombre ha pagado por oler, siéntete tú pagado por haber oído el ruído de las monedas"... Ese juez se llamaba IVO, y es, actualmente, como SAN IVO, el santo patrón de los abogados en EUROPA...

Winnie0 dijo...

Muy buena reflexión Thiago. Besos y buen sábado

Stultifer dijo...

¿Estaba limpio o era un haragán sucio y maloliente? Si así fuera, necesitaría más monedas para asearse y obtener ropa limpia. ¡Estos pobres!

en las nubes dijo...

Matrimonio gay legalizado en NYC!!!

Ronronia Adramelek dijo...

Pues anda que no hay gente prepotente que encima de no darle dinero al pobre le sueltan sus expertos consejos por nadie solicitados. No sólo a los pobre, claro, siempre está el clásico listo que cuando alguien se queja dice "pues eso a mí no me pasa porque yo hago blablá y bleblé y..." y así está subido a su todo-lo-sé-yo hasta que le hacen un ERE y se ve en la puta calle con 55 tacos y sin nadie que le quiera contratar ni para limpiar retretes. Ya, ya, si ya sé que me he calentado, pero es que pienso que a veces vemos gente que ha caído en desgracia y pensamos que eso no nos pasará a nosotros porque somos más listos o más trabajadores, mejores en definitiva, y no nos molestamos en tratar de entender ni ayudar al que ha tenido peor suerte.

Manuel dijo...

Mira tu que forma tan larga de decirle que le da nada...

Montse dijo...

Con mucha diplomacia,pero bastante cabr...., jejeje. besitos.

Merlín Púrpura dijo...

Genial! Cómo para la clase de comunicación y mercadeo en tu Facultad.

Abrazos màgicos y pùrpuras

Kotei dijo...

jajajaj, y el pobre no le dio una ostia, jajajajaja.

Un beso

Pimpf dijo...

Cari, ese parece el chico que pide siempre por los alrededores de la Calle Pez, calle también incluida, siempre pide unas monedillas para comer, eso si, de forma muy educada, claro que no se para en explicaciones, y yo tampoco es que pierda el tiempo en contarle a él mis penas...

bicos Ricos

Peace-for-ever dijo...

Parece ser que el tal Godot había perdido el sentido de la proporción, y el pobre había dejado de escucharle a la tercera frase, es decir, cuando le dice La frase no está bien construida y el mensaje se pierde.

Un monólogo muy entretenido, pero con muy poco tino, con poco sentido común ¿Cuál era el objetivo del pobre? ¿Crees que ese monólogo interesaba lo más mínimo?...

Seguro que no pasó nadie durante ese tiempo que fuera un candidato alternativo a Godot como proveedor de monedas, porque en caso contrario el pobre hubiera abandonado a Godot en medio de su perorata para asaltar al siguiente candidato. Y aguantar ese rollo tan poco útil le sirve de poco porque al final obtiene lo mismo que si lo hubiera abandonado a medio rollo... Jajajajajajaja...

A los pobres les importa un comino la semiótica... Jejejejejeje...

Un abrazo.

Parmenio dijo...

He tenido la sensación de oir hablar a un miembro del Fondo Monetario Internacional hablándole a Grecia y explicándole lo mal que lo estaba haciendo y porque no podía salir de su situación. Y por supuesto, que si le hacía caso le iba a ir mejor, pero que él no le iba a dar nada.

Un beso (metafóricamente real)