Jose llegó pronto a abrir el local. Como encargado tenía las llaves y se ocupaba de tener todo preparado antes de la llegada de los clientes. Antes de empezar tenía que realizar lo que más odiaba: limpiar y recoger todo lo que la noche anterior se había dejado precipitadamente por allí de cualquier manera. A las cuatro y media de la mañana, después de llevar ocho horas de pie atendiendo a la clientela, resultaba imposible hacerlo. A esa hora, ya cansado, solo piensas en llegar a casa y tumbarte en la cama.
Su trabajo le gustaba. Trabajar en un local de ambiente gay no está tan mal. Si eres gay tú también, además. Tienes copas, música y pelis porno gays todas las que quieras y a diario. Hay que hablar con los clientes, claro. Y algunos se ponen muy pesados. Pero también se hacen buenos amigos y, si estás atento, te puede salir algún buen ligue. Muchos chicos guapos, van solos a esos locales, por timidez, por seguir en el armario o por curiosidad; pero antes de coger confianza y ponerse a hablar con otros clientes prefieren hacerlo con el camarero. Si el camarero es mono y decidido, desde luego, puede hartarse a ligar.
Hay que aguantar a veces a algunos babosos. Jose piensa ahora, mientras pasa el paño por las botellas de los estantes, en algún viejo que no para de llevarle regalos, todo por conseguir apenas una sonrisa, pues es lo más que está dispuesto a dar. Un camarero de un bar de ambiente tiene que hacer de amigo, compañero, psicólogo y, a veces, padre. Pues también son muchos los jovencitos que entran en su bar por primera vez. Esos jóvenes tímidos que después de estar dando vueltas a la puerta del local a veces durante días, se deciden a entrar en un local gay de los que han leído en internet. A veces aparecen dos jóvenes, en una primera cita tal vez concertada en una red social. Jose se entretiene en saber si entre ellos ha surgido o no la chispa que a lo mejor sí había en sus conversaciones por MSN. Otras veces puede leer la decepción en sus caras después del primer intercambio de saliva. ¡Menos mal que tengo novio!, pensó Jose.
Es muy entretenido también observar las idas y venidas al baño del personal, sigue pensando Jose mientras limpia el inodoro, cuando alguno de los clientes busca ligar. La llegada de los jóvenes, más descarados y atrevidos, viene seguida de la de algunos señores mayores ya conocidos por sus preferencias por las carnes más jóvenes. Jose presume de conocer los gustos de sus clientes. Y sabe casi con seguridad, cuando cada uno de aquellos buitres iniciará el vuelo hacia el baño intentando el ligue con los nuevos pajarillos. Parece que no, pero también puede percibir cuando alguna pareja se ha formado, puede calcular el tiempo que se han demorado en echar un apresurado polvo en el servicio o notar cuando no se ha producido allí más que un cruce de palabras que luego se puede convertir en una invitación a una nueva consumición y una charla iniciática.
Y ahora con la fregona en la mano, Jose sigue pensando divertido, que también, con el rabillo del ojo, puede controlar quienes se dirigen al cuarto oscuro a aliviar el repentino calentón que les ha venido en medio de esas conversaciones apresuradas de bar, entre copas y humo. Ese cuarto oscuro que es lo que más le cuesta limpiar, pues no hay día que no se lo encuentre lleno de pañuelos de papel arrugados y tirados por el suelo, condones usados conteniendo todavía aquel liquido blancuzco ya casi solidificado y, a veces alguna cosa más, los objetos más estrafalarios, carteras incluso… De todo, me he encontrado por aquí –piensa ahora Jose, mientras le asoma una sonrisa entre los labios definitivamente- ¡hasta una dentadura postiza me he encontrado yo! ¿A quién estaría mordiendo aquella triste prótesis? Jose, teme todavía encontrarse con el trozo de carne que tal vez estuviera siendo mordido por aquel indecente artilugio. Pero tiró decidido aquella dentadura postiza a la basura con un poco de asco, estaba completamente seguro que nadie vendrá a preguntar por ella.
Jose abre la puerta, y se dispone a empezar una nueva jornada laboral…”
Este post ha sido seleccionado por Tatojimy para su sección "Cosas que me gustaría compartir"
Su trabajo le gustaba. Trabajar en un local de ambiente gay no está tan mal. Si eres gay tú también, además. Tienes copas, música y pelis porno gays todas las que quieras y a diario. Hay que hablar con los clientes, claro. Y algunos se ponen muy pesados. Pero también se hacen buenos amigos y, si estás atento, te puede salir algún buen ligue. Muchos chicos guapos, van solos a esos locales, por timidez, por seguir en el armario o por curiosidad; pero antes de coger confianza y ponerse a hablar con otros clientes prefieren hacerlo con el camarero. Si el camarero es mono y decidido, desde luego, puede hartarse a ligar.
Hay que aguantar a veces a algunos babosos. Jose piensa ahora, mientras pasa el paño por las botellas de los estantes, en algún viejo que no para de llevarle regalos, todo por conseguir apenas una sonrisa, pues es lo más que está dispuesto a dar. Un camarero de un bar de ambiente tiene que hacer de amigo, compañero, psicólogo y, a veces, padre. Pues también son muchos los jovencitos que entran en su bar por primera vez. Esos jóvenes tímidos que después de estar dando vueltas a la puerta del local a veces durante días, se deciden a entrar en un local gay de los que han leído en internet. A veces aparecen dos jóvenes, en una primera cita tal vez concertada en una red social. Jose se entretiene en saber si entre ellos ha surgido o no la chispa que a lo mejor sí había en sus conversaciones por MSN. Otras veces puede leer la decepción en sus caras después del primer intercambio de saliva. ¡Menos mal que tengo novio!, pensó Jose.
Es muy entretenido también observar las idas y venidas al baño del personal, sigue pensando Jose mientras limpia el inodoro, cuando alguno de los clientes busca ligar. La llegada de los jóvenes, más descarados y atrevidos, viene seguida de la de algunos señores mayores ya conocidos por sus preferencias por las carnes más jóvenes. Jose presume de conocer los gustos de sus clientes. Y sabe casi con seguridad, cuando cada uno de aquellos buitres iniciará el vuelo hacia el baño intentando el ligue con los nuevos pajarillos. Parece que no, pero también puede percibir cuando alguna pareja se ha formado, puede calcular el tiempo que se han demorado en echar un apresurado polvo en el servicio o notar cuando no se ha producido allí más que un cruce de palabras que luego se puede convertir en una invitación a una nueva consumición y una charla iniciática.
Y ahora con la fregona en la mano, Jose sigue pensando divertido, que también, con el rabillo del ojo, puede controlar quienes se dirigen al cuarto oscuro a aliviar el repentino calentón que les ha venido en medio de esas conversaciones apresuradas de bar, entre copas y humo. Ese cuarto oscuro que es lo que más le cuesta limpiar, pues no hay día que no se lo encuentre lleno de pañuelos de papel arrugados y tirados por el suelo, condones usados conteniendo todavía aquel liquido blancuzco ya casi solidificado y, a veces alguna cosa más, los objetos más estrafalarios, carteras incluso… De todo, me he encontrado por aquí –piensa ahora Jose, mientras le asoma una sonrisa entre los labios definitivamente- ¡hasta una dentadura postiza me he encontrado yo! ¿A quién estaría mordiendo aquella triste prótesis? Jose, teme todavía encontrarse con el trozo de carne que tal vez estuviera siendo mordido por aquel indecente artilugio. Pero tiró decidido aquella dentadura postiza a la basura con un poco de asco, estaba completamente seguro que nadie vendrá a preguntar por ella.
Jose abre la puerta, y se dispone a empezar una nueva jornada laboral…”
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En fin cari, tu visión -que tienes la suerte de recrear en cada capítulo de esa conocida serie-, pasa ya a engordar mi famosa galería (y mi tan famoso ego), con tu simpática y redonda visión de mi desnudez. Y es que, si religiosamente no sabemos quiénes somos, desnudos cari si que ya no somos nada, jajaja. Aquí tienes tu carnete, que no tiene ni el propio dios de los cristianos, y mira que se cansó de verle el culo al pobre de Adán, claro que tampoco había mucho donde escoger por aquel entonces, jajaja. Bezos. 










