El otro día, en mi post detectivesco, en el cual proponía el reto de continuar un simple arranque, y que llamé pomposamente "Otra de detectives", el primero que recogió el guante fue Alex; y lo hizo muy bien. La verdad es que yo no me atreví a proponérselo a Tato, mi "colaborador habitual", pues no hacía mucho que había rematado otro de mis post-proposición. Pero Tato, también se ha atrevido a continuar éste; y aunque ya hayáis leído la continuación de Alex, no quiero resistirme a postear su versión y privaros de esta segunda versión. Creo que la genialidad de Tato para las situaciones y los diálogos bien vale la pena el esfuerzo de leer su texto. Ha recreado de nuevo mi pobre propuesta, y ha sabido darle esa atmósfera que él tan magistralmente recrea. También es largo, ¡eh! ya aviso. Ya me contareis. Bezos."Me le quedé mirando. Intentaba discernir sus verdaderas intenciones. No moví un solo músculo. Empecé a pensar que esto iba a ser una partida de ajedrez. No pensaba darle ninguna pista a mi inesperado contrincante. Eso sí, mi erección creció un poco más. No puedo evitarlo, me gustan los hombres malos. Y mi intuición detectivesca, me decía que esta maravillosa criatura, era un chico malo.
Él tampoco hizo ningún gesto después de soltar su pregunta. Seguía con sus piernas cruzadas. Seguía con su mirada posada en la mía. Era un duelo. Los dos mirándonos, estudiándonos.
- Le invitaría a un Whisky, pero precisamente hace un rato, me bebí el último trago.
Para darle fuerza a mi aseveración giré un poco mi silla, para poder coger la botella de whisky que reposaba allí desde hacía una eternidad. La levanté muy despacio y se la mostré. Iba a dejarla caer otra vez en la papelera, pero me lo pensé mejor y la dejé encima de la mesa.
- Le invitaré yo a un trago, entonces.
Y muy lentamente, sin dejar de mirarme, metió su mano en el bolsillo de la chaqueta, y sacó una petaca, que parecía de plata. Alargó el brazo para acercármela.
- Después de Vd. – le indiqué.
Esbozó una sonrisa, y tomó un largo trago. Después me la volvió a acercar. Esta vez sí, me estiré y la cogí, y pegué un largo trago. Era buen whisky, no el matarratas que yo bebía.
- Dígame, Sr. Vicente, una razón para que no me levante, y le eche a patadas a la calle.
Tardó en contestar. Recogió con parsimonia la petaca que yo había dejado sobre la mesa, y le volvió a pegar otro trago. La guardó en su bolsillo interior, y posó otra vez su mirada penetrante e inexpresiva en mis ojos.
- ¿Por qué le interesa lo que pueda contarle?
- No ha captado mi interés en ese aspecto.
- ¿Por qué quiere llevarme a la cama?
- En eso sí ha captado mi interés – le dije sonriendo.
- ¿Entra dentro de sus honorarios?
- No, eso sería un extra.
Sonreímos los dos. No recuerdo haber sonreído con tanta falsedad en mi vida. Tampoco recuerdo haber visto una sonrisa tan falsa como la de ese joven.
- ¿Va a pagarme porque averigüe quien me va a asesinar?
- Por supuesto.
- No creo que se lo pueda permitir.
- Pruebe.
- 20.000 Euros. Más extras.
- Ahora le firmo un cheque.
Hace apenas unos minutos, estaba con mis pies sobre la mesa, acabando el último sudoku. Mi vida futura apuntaba a un uniforme de vigilante jurado de un Carrefour cualquiera. Ahora tenía delante de mí, un polvo, y un cheque de 20.000 euros. ¿Por qué no diría 30.000 Euros?
Firmó el cheque, y se estiró para acercármelo a través de la mesa. Lo recogí, y miré con sorpresa que lo había extendido por 25.000 euros. No moví un solo músculo de mi cara para mostrar ni sorpresa ni alegría. Él guardó su talonario, sin hace ningún comentario.
-Antes de cobrarme el primer extra, deme datos para poder investigar. Mejor, dígame, ¿Qué le importa lo que me pase a mí?
- Yo creía que un detective sagaz, no necesitaría nada para poder investigar. Un profesional como Vd. reputado y famoso, se ha tenido que crear muchos enemigos a lo largo de su carrera.
Por mucho que le miraba, no lograba discernir si se estaba burlando de mí, o creía lo que estaba diciendo. Pero me daba igual. Tenía un cheque en el bolsillo, y un polvo a la vista. Era el momento de cobrarse el polvo.
- Ya que tiene esa confianza en mi sagacidad, creo que es el momento de cobrarme el primer extra. En este campo, mi fama me precede también, Sr.Vicente.
- Dice verdad, Sr. Losada. Pero tuteémonos, si te parece.
- Después de cobrar el extra, si no le importa. El respeto en la cama es fundamental.
Y sonreí de medio lado. Él me correspondió, a la vez que se levantaba de la silla, y comenzaba a desnudarse.
- ¿Aquí va a ser el pago?
Ya estaba completamente desnudo. Desnudo era todavía mejor que vestido. Tenía las curvas perfectas para mi gusto. El pelo justo. Y ese toque de maldad que desnudo se acentuaba. En ningún momento demostró sentirse cohibido por su desnudez. Ni se dejó llevar por esa tendencia que solemos tener los hombres, de intentar taparnos al estar desnudos delante de alguien que encima, está vestido. Estaba seguro de su cuerpo, estaba seguro de él.
Di la vuelta a la mesa, y me acerqué lentamente. Cuando llegué a su altura, cogí su cabeza por detrás y la acerqué bruscamente hacia la mía. Busqué su boca, y le besé sin delicadeza. Apretando su cabeza contra la mía. Agarrándole del cuello, Hasta dejarle marcados mis dedos.
- Por ahí. Es un jergón destartalado, pero servirá. Acomódate, no tardo ni un segundo.
_____
Hacía tiempo que no echaba un polvo como ese. El chico, estaba bueno. Y le gustaba el sexo duro. Como a mí. Ahora descansaba a mi lado, mientras yo fumaba mi penúltimo Ducados. Estaba de espaldas, de medio lado, mostrándome en todo su esplendor sus magníficas posaderas. Estaban rojas, de la última tundra que le di en ellas. Le gustaban los azotes, o si no le gustaban, no dijo nada. A mí si me gustaban. Y como me cobraba un extra, disfruté de ellos.
Escuché en la otra habitación mi móvil. Una llamada. Dos tonos, y silencio. Me sonreí.
El Sr. Vicente, se desperezó. Al final no cambiamos el usted por el tú. Era más morboso llamarse de Vd. Sobre todo mientras le cabalgaba, a la vez que le golpeaba los cachetes de su culo. Él gemía. Pedía más. Y yo, complaciente, le di más.
Me miró desafiante.
- Creo que me cobraré otro extra hoy
Sonrió.
- Antes debo ir al W.C. Una ducha.
- Que finos son Vds. a veces. Salvo en la cama, claro.
Se levantó y salió de la habitación. Tardó casi diez minutos. Se habría entretenido en mirarse la cara, pensé. Mi barba de 4 días, había hecho una escabechina en su suave piel. No le besé precisamente como una ursulina.
Ya volvía. Me quedé sonriéndole un poco sardónicamente, por cierto. Con ese aire de quien controla la situación.
El me miró, y sin decir palabra, levantó su mano derecha. Apenas tuve tiempo de girar sobre mí mismo y tirarme al suelo, cuando sonó el primer disparo. Mientras caía al suelo, metí la mano debajo del colchón para sacar mi pistola 9 mm. Sonó otro disparo. Este me rozó el brazo izquierdo. Cuando di contra el suelo, me giré rápidamente, y disparé. Y volví a disparar. Y otra vez. Él no se esperaba que tuviera una pistola, y no hizo nada por esquivar las balas. Las tres le dieron en el pecho. Cada una le produjo un estertor en el cuerpo. Agitaba las dos manos, con cada impacto. Me fijé que en una mano traía su chaqueta de Armani. Qué desperdicio. Se había manchado completamente de sangre. Me miraba con cara de sorpresa. Fue cayendo a cámara lenta. No dejaba de mirarme. Pero ahora su mirada era distinta. Sorpresa. Y pena.
- ¿Por qué acortaste el juego, Arturo?
Me había incorporado. Estaba él en el suelo, recostado contra la pared, al lado de la puerta. Yo estaba ya a su altura. Seguía llevando mi pistola.
- Me asusté.
- Me hubiera gustado cobrarme otros extras, antes de matarte.
- Eso es lo que me asustó. No… no creí… nunca pensé que me fuera a pillar de ti.
- Te dije que mi fama me precedía. No me creíste.
Arturo sufría. Apenas podía ya respirar. Algo de sangre salía por su boca.
- Tendré que llamar por tu culpa otra vez a la señora de la limpieza. Todo son gastos, Arturo. Te debía haber pedido más dinero.
Sonrió. Después dio un cabezazo hacia la izquierda. Y se resbaló hasta quedar grotescamente tumbado en el suelo, con el cuello incómodamente girado y apoyado en la pared.
- Te diría que cogieras otra posición, que te va a doler el cuello después, pero me acabo de dar cuenta que ya no te va a doler nada, Arturo.
Siempre me gustan estas bromas sin sentido y macabras. Sin un poco de humor, la vida se haría insoportable. Esa era una de mis máximas.
Me di cuenta de que mis manos temblaban, ahora que eran conscientes de que ya no debería ponerse en tensión. Cogí su chaqueta, y busqué la petaca. Y acabé de un trago, con todo el whisky que quedaba, mientras me prendía el último ducados del paquete.
_____
Llamé a la puerta.
Salió el mayordomo a abrirme.
Me miró con desprecio. Revisé mi indumentaria, y la verdad no era la más adecuada para ir a ver al Presidente del Banco Pirec. Pero había confianza, pensé, es un buen amigo. Y sonreí por toda la ironía que llevaba ese pensamiento.
Después de unos minutos de espera, me acompañó a su despacho.
No se levantó para saludarme. Pensé que el recibimiento iba a ser más cálido. Pero me equivoqué.
- No esperaba tu visita.
- Ya imagino.
No me senté. Me entretuve en mirar las estanterías, llenas de libros de coleccionista. Primeras ediciones. Antiguallas, que no se podían leer sentado en la taza del water, por si se estropeaban. ¿Para qué servían entonces?
-. No tengo todo el día.
Le lancé el paquete que llevaba en la mano, sobre la mesa.
Me miró interrogándome con la mirada. No le contesté.
Al final se decidió a abrirlo. No dejé de mirarle, quería ver su reacción. Sacó la chaqueta de Armani de Arturo. La reconoció al instante. Vio la sangre. Me miró esta vez con cara de odio. Pero estaba acostumbrado. Hacía años que me miraba así, desde que intenté meterle en la cárcel porque estaba haciendo negocios sucios a través de su banco. Y había matado a un amante mío, un chaval maravilloso que tuvo la mala suerte de cruzarse sin darse cuenta en uno de sus negocios. Pero no pude demostrarlo. Para mi frustración, el crimen de ese chico quedó impune.
Él intentó destruirme, pero en eso falló. Aunque me arruinó.
- Has vuelto a fallar, Antonio. No has conseguido matarme. Y me has vuelto a fastidiar un polvo encima.
- No sé de que me hablas.
- Sí, lo sabes. Arturo Vicente, era un sicario tuyo.
- No tienes pruebas.
- Tengo el cheque.
- No sé de que me hablas.
- Sabes, a veces ser famoso tiene sus problemas. Y ser tan cuidadoso con la vida privada – mientras decía esto, saqué un ejemplar de Pronto del bolsillo. Era de hace unos meses.
- La vida tiene estas casualidades. Estaba haciendo yo los pasatiempos y para descansar un rato la mente, le di una vuelta a la revista. Me repugnan estas revistas… pero… y fíjate que, minutos antes de entrar ese adonis que me enviaste, vi esta foto. Eras tú, de frente, sentado en una terraza con un chico de pelo largo.
- No sé que tiene que ver…
- Pues que ese chico era ese adonis.
- Eso no prueba nada, y tú lo sabes.
- Yo sé que fuiste tú quien le contrató.
- ¿Y qué? Tú siempre sabes mucho, pero no pruebas nunca nada.
- Touché. Menos mal que esta vez me llevé un buen polvo.
El Sr.Aguirre levantó la vista. Otra vez esa cara de odio. No me había equivocado. No pudo resistir follar con él. Eran amantes. Lo decía su mirada.
- Se lo pasó bomba. Me lo dijo de hecho. El pobre no había tenido un polvo digno desde hacía muchos meses, me contó. Era guarro el tío. Y le gustaba el sexo duro. Fíjate que se me hinchó la mano de tanto darle azotes... que bonito color tenían sus posaderas después... y se comió...
No pudo resistirlo más. Vi como se movía con decisión y cogía un abrecartas que tenía sobre la mesa, y me lo tiró. Me agaché rápido, esquivándolo. Se quedó clavado en la librería.
Me incorporé como si nada, y me dirigí hacia su mesa. Él se puso en tensión, pensaría que le iba a pegar. Me senté en una de las butacas que tenía delante.
- Parece como si tuvierais un lío. No me digas que le querías.
- Una vez conocí a un chico. Unos veinte años.
Ahora era yo quien se había puesto tenso.
- Era moreno. Guapo. Unos rasgos difíciles de encontrar, por su perfección.
Se recostó sobre su silla, y empezó a mecerse de derecha a izquierda muy lentamente. Se notaba que quería regodearse con lo que me iba a contar.
- Se llamaba... espera que me acuerde... Iván. Tenía una melena corta, desordenada... eso le hacía mucho más atractivo todavía.
Hizo una pausa en su narración. Quería que me enterara bien de todo, que prestara atención, que me pusiera más y más nervioso. Y lo estaba consiguiendo. Cerré mis manos sobre los brazos de la butaca.
- Le recuerdo en ese local de la c/ López de Hoyos, colgado de una cuerda del techo, por las manos. Desnudo. Que bonito hacía su culo ahí. Tenso. Tenía tu misma ironía. No se dio cuenta que no era apropiada para la situación. Al quinto puñetazo en su cara empezó a pensar que no tenía mucho por lo que sonreír. Se meó y cagó ahí mismo. Creo que ahí fue consciente de que iba a morir. Recuerdo como le quemé sus pezones con un hierro incandescente. Y como luego se lo metí por el ano, después de follármelo unas cuantas veces. en 5 días dio tiempo a muchas cosas. Mis chicos la gozaron también.
Las venas de mi cuello parecían que iban a estallarme. Mis dedos apretaban con todas las fuerzas de que era capaz el brazo de la butaca.
- Sabes, Jesús, lo que cambia una persona en poco tiempo. En 5 días, de esa belleza, de esa altanería que le daba su amistad contigo, huy que erais novios, perdona... al gesto grotesco con el que le tiraron mis chicos en el vertedero. Y tenía buen miembro... cómo sangr...
- ¡Hijo de Puta!
- ¿No quieres saber como murió? Creo que la gozó, porque seguro que fue el mejor sexo que tuvo. ¿No te gusta el sexo duro?
- Él era inocente. No tenía nada que ver con nuestras...
- Siempre pensando que puedes decidir que tiene que ver o que no. No te das cuenta que siempre perderás, porque eres un perdedor.
- Eres un Hijo de la...
El Sr. Aguirre levantó su mano para indicarle que se callara. No sé por qué le hice caso...
- Fue un valiente. Iván fue un valiente. Y tenía un culo...
No me pude contener, y me lancé sobre él. Salté sobre la mesa de su despacho y le agarré del cuello. Caímos los dos al suelo. Él intentó escaparse, pero no pudo. Yo seguía apretando...
De repente unas manos tiraron de mí. Primero fueron dos, luego varias más. Yo luchaba por liberarme. Quería matar a ese cabrón. No volvería a joder a nadie más. No quería que sus esbirros me impidieran joderle por una vez a él.
Tarde un rato en darme cuenta que los brazos que me sostenían eran de la policía. Pero daba igual. Yo seguía luchando. Quería matarlo. Aunque me costara la cárcel. De todas formas, la vida perdió parte de su razón cuando ese perro encontró el cadáver de Iván. Estaba destrozado. Le habían machacado de todas las formas posibles.
Noté una bofetada. Me quedé quieto, sorprendido. Centré la vista, y vi al Inspector Velludo Oso. Le conocía hacía muchos años. Le podría considerar como un amigo. Aunque ese concepto nunca lo he tenido muy claro. Me dio otra torta.
- ¡Vale! Ya estoy bien.
- Así está mejor.
- Inspector, espero que le detenga por agresión.
- ¿Ha agredido a alguien este hombre? – le dijo el Inspector con un poco de sorna – No perdamos el tiempo, Sr. Aguirre, queda detenido. Por dos asesinatos. El de Iván Flores Ferreras, y el de Arturo Vicente Martín.
- ¿Usted sabe con quien está hablando? Tardaré unas horas en volver a mi casa, y se va a acordar de esto. Su carrera ha acabado.
El Inspector le miró por encima de sus gafas. No hizo ningún gesto.
- Agentes – dijo volviéndose hacia dos uniformados que estaban en la puerta – procedan.
Se acercaron y le leyeron sus derechos. Le pusieron las esposas, y le llevaron fuera.
- Salgamos. Dejemos la científica haga su trabajo. No pises esa chaqueta, Fernández.
Se enfrentó conmigo.
- ¿Estás bien?
- No joder. No lo estoy. Le mato... te juro que le mato...
- No merece la pena. Déjalo de nuestra cuenta. Ah, y gracias.
_____
- Le pudo sus ganas de vengarse de ti.
- Sí. No pudo dejarlo estar.
- Tú tampoco lo dejaste.
Me quedé un rato en silencio.
- Ha sido al único hombre que he amado de verdad.
Estábamos sentados en un café. El Inspector tomaba un café con leche. Yo, un whisky doble.
- No he visto a nadie que esperara tantos meses a que vinieran a matarle.
- En realidad años. Pero es cierto que fue hace unos meses cuando puso en marcha la maquinaria. Tuve que picarle un poco.
- No estoy seguro de que quiera saber todos los detalles.
- Solo tienes que olvidarlos cuando te levantes.
- No, mejor no. Solo un par de cuestiones que me intrigan. ¿Cómo supiste que este chico era quien te iba a matar?
- Le vi en la revista. Eso es cierto. Es un sicario muy cotizado.
- Pero si no se parece en nada. Y está de espaldas.
- La marca del cuello. Debajo de la oreja. Es un tribal. Es su marca. En el mercado de los asesinos a sueldo es conocido por él.
- Sabes más que yo de asesinos a sueldo.
- No es tu departamento.
- ¿Y el dinero?
- Fue fácil. Tengo un confidente en el banco. Le mande un SMS y el cheque por fax, antes de acostarme con él.. Lo cobró inmediatamente. Y el dinero lo transfirió a una cuenta segura.
- ¿Y eso de que investigaras quien te iba a matar?
- No lo sé. Me hizo gracia. Posiblemente fue porque ese chico, Arturo, en parte quería que le descubriera. Me imagino que el Joputa este, le tendría bien cogido de los huevos. Tenía muchas cicatrices y golpes. Al Sr. Aguirre, a ese sí le gustaba el sexo duro. Y dominar. Y pegar. Y no le gusta pagar.
Nos quedamos los dos en silencio.
- Sabes, encontramos fotos de Iván.
- Me imagino.
- ¿Sabías que existían?
- Sí. Uno de sus hombres me lo contó. Pero eso es mejor que no te enteres.
- Mejor. Tengo la impresión que debería abrir otro caso de asesinato cerrado en falso.
- No hay comentarios – sonreí.
El Inspector sacó un sobre. Lo puso sobre la mesa.
- He sacado unas copias. No sé si quieres verlas.
Alargué la mano y cogí el sobre. Lo abrí.
...
...
Lo volví a cerrar.
- No quise ver el cadáver entonces. No podría soportarlo. Gracias de todas formas.
- Estas fotos serán su condena.
- No sé como siendo tan gilipollas, no le pillamos antes.
- Nos faltó tranquilidad.
- Me voy Carlos. Perdón, Inspector Velludo. Saluda a Carmen.
- Una cosa – me agarró de la manga cuando me iba.
- ¿Y la pistola? La encontramos en la librería.
- Ahí estaban las fotos ¿verdad? En uno de sus libros antiguos.
- Si. Había fotos de más chicos. Estamos investigando. ¿Quién te ayudó con el cadáver del matón?
- Perdona, pero ese chico me ha guiñado el ojo. Seguro que se le ha metido una pestaña en el ojo. Voy a ayudarle.
Y le hice un gesto con la mano de despedida.
Me acerqué al chico. Veintitantos, pelirrojo, rellenito.
Ahora está en mi cama. Ha estado bien. Por primera vez desde hace muchos años, he tenido un sexo tranquilo, relajado. ¿Me habrá robado el corazón?
Vaya, llaman a la puerta. Quizás sea alguien a encargarme un nuevo caso. Estará bien trabajar para alguien. Ya estoy cansado de trabajar para mí.
¡Que bueno está el pelirrojo! La puerta está semi-abierta y veo su culo mientras duerme. Y esos muslos extraordinarios.
Voy a abrir. Habrá que ganarse la vida.
Vuelven a llamar.
- ¡Voy!"
FIN
14 comentarios:
Ni loco.
Estos no llevan reloj.
Lo leí cuando lo publicó, y fue increible, me encantó la vuelta que le dio al relato y como lo acabo.. bua, eso si que es imaginación.
Un beso cielo
PLAS,PLAS, PLAS, PLAS,ME A GUSTADO MAS QUE LA ULTIMA DE CAPRIO,.......POR LO QUE VEO NO TE A GUSTADO LA POLLA CON OJOS,......CUANDO TU QUIERAS......ABRAZOS.......
Jope!!! la cabeza del personal no tiene límites....Besos
Madre mía vaya vida de tensión la detective. Pero....haber detenido al banquero es suficiente garantía para tener sexo tranquilo????. Con el poder que tienen esos, no sé, no sé, yo no estaría demasiado tranquila, a saber quién es el pelirrojo ese!!.
Me ha encantado lo de la posición del cuello, jajajaja, humor negro, negrísimo, jajaj.
Besoss
Cuanto amor, y cuanto sexo para un detective sucio y abandonado. Cuanto amante por el camino... uy, a ver si estoy estropeándole el final a alguien. Buena continuación.
bicos ricos
Está bien.Un poco largo pero bien.
Un besito bicho.
Literatura polocial erótica, excelente combinación para disfrutar en la mañana jajaja.
Bastante extenso el texto, pero muy bueno, aunque todavía me falta leer lo que escribió Alex.
Y qué novedades contigo? Yo tengo las mejores para variar jaja.
Un Abrazo
Besos.
ya lo habia disfrutado como comentarios en tu post original pero la verdad es que se merecia un post aparte donde leerlo entero.
Hay mucho talento por estas páginas y merece ser expuesto :-)
Craso error he cometido al leerlo. Ahora me tengo que leer "los otros". Jajajaja.
Tato siempre dice que va a publicar una novela. Pero si ya la tiene!!! Con unas tapas duras, un índice, un mapa y tres ilustraciones ya puede salir al mercado. Sexo, alcohol, tabaco, dinero y violencia. Y todo por amor.
Continuaré leyendo la saga...
Kisses
PD: Thiago, Thiago, no siembres cizaña... jajajajaja.
Bueno, muchas gracias a todos los que os habéis leído el post. Tiene mérito, pq es largo y pq ya habíamos publicado la aportación de alex.
En cualquier caso gracias doblemente a Alex y Tato por semejante derroche de generosidad, imaginación y de talento. Y de humor... Yo no creo que fuera capaz de hacer algo así, si fuera al revés y me lo pidieran a mi...
Bezos.
Hola Thiago! Me pasaba a saludar porque últimamente no tengo tiempo pa ná (mucho curro que me deja reventao de cansancio) pero prometo leerlo el finde en que tenga un ratillo.
Un besOte ;p
Estoy con el que ha dicho lo de Di Caprio. Si lo llego a saber paso de gastarme los seis eurazos y me quedo en casa leyendo jajajajajajaj
PD: Al final no follamos...
Muchas gracias Iago, por haberme dejado ocupar tu blog durante un día. Y sobre todo con un texto tan largo para un blog.
No sé si seguir el consejo de Chevy, y ponerle unas tapas y venderlo... ¿qué opinas?
:P
Muchas gracias a todos tus seguidores, que han perdido unos minutos en leerlo. Y si encima les ha gustado, soy feliz.
besos.
muchos.
envueltos.
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