A Marcos le encantaba su trabajo. Era bibliotecario. Pero no una bibliotecario cualquiera, no. Era el bibliotecario de la Academia de los Libros Notables. Allí no entraba cualquier libro, solo los mejores. Cada libro que allí se depositaba debía estar referenciado, al menos, en otros cinco libros. Y todos sabemos lo mucho que les cuesta a los escritores hablar bien de los libros de los demás.En cualquier caso, aquella no era una biblioteca pequeña de barrio, como la de su anterior trabajo, donde pasaban la tarde aquellos zarrapastrosos estudiantillos, armando interminables jolgorios entre calentura y calentura. En ésta había que ser socio numerario para poder entrar, y tampoco se admitía a cualquiera. Solo se admitía a escritores famosos y consagrados.
Marcos, entonces, conocía cada libro y cada lector. Trataba aquellos ejemplares con un mimo excepcional. Le gustaba tenerlos perfectamente colocados en sus anaqueles de acuerdo con las más estrictas normas de la CDU. A menudo abría aquellas estanterías acristaladas y con un plumero de contrastada calidad les sacaba el polvo de uno en uno para que no se deterioraran. Igualmente tuteaba y aconsejaba a cada uno de los académicos. Aunque esa parte de tu trabajo le gustaba menos. Marcos era un excelente bibliotecario sí, pero odiaba los préstamos. Odiaba que vinieran a solicitarle un libro y a retirarlo para su lectura en casa. Antes de prestar alguno de aquellos ejemplares que tanto amaba, se aseguraba que el peticionario no tuviera ni el más mínimo retraso en alguna devolución de sus préstamos anteriores. Estudiaba en el ordenador el historial, y examinaba de arriba abajo al interesado para asegurarse de que su salud fuera lo suficientemente buena para que no falleciera durante el periodo de lectura estipulado.
Prestar aquellos maravillosos libros, que para él condensaban todo el saber de la humanidad, todo conocimiento digno de perpetuarse, era un tremendo sacrificio y le costaba un dolor físico difícilmente soportable. Le parecía que prestar uno sólo de aquellos libros rompía el necesario equilibrio universal, y que una vez prestado aquel ejemplar, cualquier desgracia podía suceder en el mundo. Atribuía cada guerra, cada crimen, cada catástrofe natural al simple hecho de haber prestado alguno de aquellos tomos. Todos los días repasaba el cajón de las fichas de los libros prestados, y hacía un recuento: Jueves, 6 préstamos, 4 devoluciones. Viernes, 8 préstamos, 3 devoluciones..., la tendencia nos llevaba irremediablemente a la perdición. El problema es que no era el único bibliotecario. Su compañera Marta prestaba también aquellos libros tan preciosos y, lo que es peor, de una manera arbitraria y descabellada. Los prestaba hasta con alegría. Decía que los libros estaban para leerse. ¡Aquella estúpida!
Marcos la odiaba. Marcos había intentado convencer a los responsables de que él solo podía encargarse del trabajo, que no le importaba ampliar su horario e, incluso, que podía instalarse allí mismo a vivir, con una cama abatible por todo mobiliario, para no tener que compartir su tarea con aquella irresponsable. Pero sus jefes no aceptaron tan disparatado ofrecimiento. Cada lunes volvía a mirar el famoso fichero y volvía a leer irremediablemente como aumentaban los préstamos: Viernes, 2 préstamos, 1 devolución. Sábado, 7 préstamos, 4 devoluciones. Marcos calculaba que a ese ritmo era inevitable que la biblioteca se quedara vacía alguna vez. Vale, si, en uno o dos siglos, pero terrible e invariablemente vacía. ¿Qué sería de aquellos libros perdidos y desperdigados en pequeñas bibliotecas domésticas de aquellos viejos académicos? Y ¿qué sería del conocimiento humano más exquisito y necesario? Sería el fin. Por ello no dudó, él conocía la solución y sabía cuál era su misión.
Cuando la policía vino a interrogarle, él apenas les prestó atención. No, no sabía nada de la vida de su compañera de trabajo; no, apenas la conocía; no, nunca salían juntos fuera de la jornada laboral, -les dijo desganadamente,- mientras contemplaba satisfecho el cajón de los préstamos: Lunes, 2 préstamos, 6 devoluciones. Martes: 1 préstamo, 4 devoluciones… ¡Por fín! La tendencia se había invertido.
40 comentarios:
Le pedí prestado un libro a una compañera de trabajo. Al día siguiente vino con un paquete del cortingés y al desenvolverlo vi que había comprado el libro que le pedí prestado. En la dedicatoria ponía: "En esta casa no prestamos libros. Espero que disfrutes de éste que te he comprado".
Mejor así.
Como detesto a los asesinos locos! :S La gente compulsiva no me va para nada... Pude imaginarme el final de una... Gente loca igual a asesina :S
Un relato macabro y maravilloso, mira que yo estuve más de un año trabajando en una biblioteca como sustituto, menos mal que nadie intentó asesinarme (que yo sepa). Me encanta leer pero nunca llegaría a esos extremos de Marcos.
Besos.
Maravilloso relato que retrata perfectamente la locura de aquellos imbéciles que aman el "saber" por encima de las personas, que atesoran conocimientos sin saber para qué. Fantástico, me ha gustado muchísimo.
Me encanta cuando te pones "Allan Poe". Chapó (o chapeau, como prefieras). Muac.
Menos mal que no has entrado en el universo de los cd´s y de los vinilos prestado porque ahí ya...
Gran historia
ayer me prestaron dos libros, y estoy segura de que los terminaré de leer muy prontito
besos
Me ha encantado, Thiago, de verdad... muy bueno.
Sórdida historia, impecablemente narrada, mostrando claramente hasta donde te llevan las paranoias.
Me encantó
BESOS
Ok sonare repetitivo una vez mas!! porque creo que uso la misma frase cada vez que comento tus entradas!
pero caraxo!! es muuuy buena!! jejejeje
Yo tengo mis manias tambien! aunque no mataria a alguien por un libro (aunque las ganas las tengo ahi latiendo poquito a poquito) .
Un gran abrazo!
Matar sólo por un libro? Quizás no, aunque en El nombre de la rosa sí que lo hacían y con bastante ingenio...
Matar por una biblioteca completa?....
QUE bien cuentas esta historia, y te digo me gustaría ver si acá hay alguna biblioteca en ese estado!, lo dudo.....!.
besos....!
Oh...con lo que me gusta a mi prestar libros, aunque es verdad que algunos no los he vuelto a ver xDD
Me encantó :P
Besous!!
El otro día presté la primera parte de Larsson a una compañera. Lo presté y el libro no es mío. Es un doble hacer el tonto? Ella misma me dijo- Hay dos clases de tontos: los que prestan libros y los que los devuelven.
A pesar de todo animo a tus lectores a usar las bibliotecas. Qu elas pagamos entre todos.
Ese tio del relato es un enfermo egoista.
Me ha encantado tu historia. Yo apunto todos los libros que presto, para no perderles la pista.
Besos.
Genial, caballero, genial.
Abrazote.
Hola Thiago,
Muy bueno tu relato, pero no deja de ser un relato.
Yo el Jueves pasado cometí un homicidio o asesinato. No lo tengo claro. No hubo premeditaciíon pero sí ensañamiento, por lo que supongo que será tipificado como asesinato.
Eso sí. Yo tengo la conciencia muy tranquila y ningún tipo de remordimiento.
Un lametón
Algo me temía yo con este Marcos...
De ahí a perseguir a los lectores hay un paso.
Yo por si acaso procuro devolver los libros a la biblioteca dentro del plazo, que hay un bibliotecario con muy malas pulgas...
Holaaaaaaa, como estas, tantisimo tiempo, muy bueno el relato, tengo una peque biblioteca y me gusta enseñarlos y contar y/o explicar sobre ellos, pero la verdad no me gusta prestarlos,mi pocos prestamos, no han sido una buena experiencia.
Un Abrazzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzzo
Bs As Argentina
me ha fascinado
xD
Dicen que los libros son orgullosos, que una vez que los prestas no vuelven ;)
Un besito.
Gran historia y el final tan maravillosamente macabro.
Entiendo lo que hizo, si alguien comenzará a prestar mis dvd's... su cadáver aparecería en un río xDD
Saludos.
Jajajaja!buenérrimos...sabes este bibliotecario me recuerda a mi madre. Siempre apunta a quién deja sus libros e incluso tiene una vitrina con acceso restringido donde guarda su "joyas"
En fin, si algún aparezco muerto, decidle esto a la policía.
Besos!
Aún recuerdo varios libros que he prestado a lo largo de la vida, y que nunca han sido devueltos. No infligiría un castigo semejante, pero no vuelvo a prestarlos, son mis pequeños placeres. En la biblioteca que frecuento, cuando me retraso me castigan impidiéndome tomar prestado por el mismo número de días que me he retrasado en devolverlos, ese es ya un precio alto por mi despiste.
Me ha encantado el relato, muy bien escrito, y una idea genial.
Thiaguísimamente tuyo.
La bibliofilia... Todo un amor a los libros. Me ha encantado la pequeña historia a mi también.
Saludos, un abrazo, dos besos y mucha suerte desde Puebla ;)
--Arminius.
Si de homicidios se trata, los hay por causas más extrañas en la vida real.
Excelente relato, Thiaguito.
Tanto en la forma como en el fondo.
Besitos "bibliomaniacos".
Lo has bordado Thiago. Has dibujado en mi mente a la perfección esa "sagrada" biblioteca y a su "pulcro" bibliotecario. Eres un artista con los finales (bueno y con los comienzos...) Vamos, que lo has bordado. Besos
Joder, buen relato, niño, muy bueno!!!
Yo tampoco presto libros.
Espero que mi bibliotecario no sea de esa calaña,que miedo!
Que poquito tiempo queda para la entrega de los premios. Yo estoy nerviosísima ¿Y Tú?
tuve un noviete bibliotecario. me gustaba meterle mano (discretamente) en su trabajo. fue lo más peligroso que me ha pasado en una biblioteca.
un abrazo.
Chiquillo, qué bien escribes cuando te pones serio... ¡Menudo bibliotecario fanático! Excelente el relato, queridiño. Muchos besotes, M.
Fantástico relato, Iago. Has descrito a la perfección la importancia del lugar y la personalidad maníaco compulsiva del bibliotecario. Me ha encantado.
No me gusta NADA prestar libros, ni cd's ni cosas... porque no suelen hacer el camino de regreso a casa, con mamá... ups, seré un poco como Marcos?
Besos, cari!
¡Qué tarde llego! La historia es magnífica, Marcos puede parecer que esté loco, pero yo creo que has escrito una metáfora de lo que pasa en la vida: la sabiduría hay que mimarla, y es de todos (aunque Marcos opine lo contrario), pero a veces se degrina demasiado.
Me ha gustado mucho, de verdad.
¡Un fuerte abrazote!
MIGUEL
Coño, el último! Buena historia. Desde luego hay gente para todo pero Marcos tenía sus motivos, equivocados o no, los tenía, y como no deja de ser ficción, pues bien hecho. Ahora podrá tener su orden estable.
Bueno, esto es un relato que se me ocurrió al hablar con un bibliotecario de verdad, y yo le decía que yo sería un bibliotecario fatal, que no me gustaba prestar los libros, justo lo que debe hacer un buen bibliotecario, claro, jaja
Bezos
Me ha encantado... Qué buen relato...
La verdad es que la única bibliotecaria que conozco es la de mi instituto, y esa estaría encantada de que desaparecieran todos los libros... Creo que nunca ha abierto uno, y siempre los mira con cara de desagrado.
En fin, lo dicho, que muy buen relato.
Besos,
iker
Genial... ¿quien sustituirá a Marta?...
Ya me imaginaba yo que iba a matar a la pobre mujer... Algo predecible, pero bien hilado, besos marido mio!
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