domingo, 27 de mayo de 2007

PEONÍAS

Nosotros tenemos un chalet típico de fin de semana, en un pequeño pueblo de la provincia de Segovia. Es un pueblo muy tranquilo, donde no ha llegado la especulación, con vistas al Palacio de Riofrío. Es tan pequeño que nos conocemos todos. Las diversiones de este lugar son descansar sin ruidos, tomar algo en el único bar del pueblo y pasear por el campo en busca de unas hermosas flores, las peonías, que crecen libres y salvajes sin que se dejen domesticar por los humanos, reacias a vivir en macetas o jardines.

A mi hace tiempo me llamó la atención que las mejores mansiones están ocupadas por monjas. Ellas no les llaman chalet sino casas de retiro. Luego averigüé que todas esas casas se las han “donado” buenos ancianitos con o sin descendencia a los que estas piadosas monjitas cuidaron en su vejez. Estas monjitas no las distingues de otros paseantes, van de paisano y son muy cariñosas y amables con todos los niños que allí jugamos.

¡La desamortización al revés! Yo había leído sobre la desamortización de Mendizábal por la cual grandes posesiones de la Iglesia pasaron a manos de particulares, pero no sabía de esta desamortización al revés – mediante la cual la Iglesia se queda con los bienes de los particulares, caridad por medio.

El caso es que yo tengo mucha necesidad de expresarme, tanta como necesidad de entregar todo el amor que llevo dentro. Esa necesidad se manifiesta en mis escritos, en mis cuadros naif y en las pintadas en las tapias de esas mansiones, siempre hechas con mi querido spray de pintura gris perla. Poner IAGO en ellas yo lo encuentro muy expresivo, francamente y, ahora, pelín revolucionario.

El otro día paseando con mi madre en busca de las indomables peonías nos encontramos con dos de estas monjitas poseedoras de la mejor y más grande de las mansiones del lugar. Al saludarnos, una de ellas, acariciando mi cabello negro, me dijo: “¡Ay! Iago, Iago, nos acordamos mucho de ti cuando vemos nuestra valla y rezamos mucho por tu espíritu".

Yo no sé vosotros, pero a mi me pareció una terrible amenaza, y quiero deciros desde aquí que si a mi me ocurriera algo, deberéis enseñar a la policía este escrito y le pedís que investiguen a las buenas y felices monjitas propietarias de mansiones de Riofrío.