domingo, 24 de junio de 2007

LA CULPA FUE DEL CHA CHA CHA

Ayer conocí al que yo creo chico de mi vida en el chat de Chueca.com y hoy voy a su encuentro. Hemos quedado en Callao a las nueve de la noche para cenar en el Vips.

Así que me pongo unos calvinklein nuevos; me ha dicho que no es de los que follan en la primera cita ¡fíjate si es romántico! pero eso ya me lo han dicho mis veinte o treinta amores de mi vida anteriores, así que yo voy a ir preparado. La verdad, el que soy romántico soy yo. Me pongo además pantalón caído y camiseta corta; vamos, vestido e informal pero sugerente; como si fuera sin arreglar, pero que se note que estuve dos horas para hacerlo. Mucha colonia de janpolgotier. Y como no tengo dinero le robo algo a mi madre del billetero, como siempre se dará cuenta pero se hará la tonta, ella sabe lo caro que es la vida de un adolescente.

El caso es que salgo del metro en Opera y subo por la calle Arenal pensando que quizás sea por fin ÉL; que sea el amor que tanto he estado esperando. Fue tan maravilloso por el MSN, tan atento y educado, con ironía y gracia como a mí me gustan; mitad romanticismo y mitad salidez, la fórmula perfecta. Yo creo que esta vez no me equivoco. Creo que es el hombre perfecto y lucharé por él; no dejaré que nada lo separe de mí, no lo voy a dejar escapar por nada del mundo.

Al subir por la calle Arenal, veo a un músico tocando el violín. Claro, yo he leído el otro día en el periódico, que en New York estuvo tocando en el metro el mejor violinista del mundo durante cuatro horas y que nadie se dio cuenta y apenas le tiraron unas monedas. Yo por si acaso estaban por allí los de la televisión o los de El País y hacía un reportaje igual y yo quedaba como un puto ignorante, estuve escuchando casi media hora aquella música, no fuera a ser F. Teixeirochsky y me estuvieran grabando. Y además cada cinco minutos le tiraba una moneda. Si salía en televisión como inculto pase, pero como cutre, jamás. Eso sí, siempre pensando en el amor de mi vida.

A duras penas llegué a Sol y allí me encontré toda una orquesta de Cámara. A mi, francamente me parecían unos portugueses desarrapados; pero por si acaso era la celebre F. Teixeirus Blues Band tocando en la calle sin que nadie se percatara, estuve oyéndolos otra media hora y venga a tirar monedas cada cinco minutos. No me atrevía a moverme a ver si el experimento sociológico era seguirme a mí por todo Madrid para ver si tengo buen oído o no y luego ridiculizarme en algún programa basura. De todas maneras no me sacaba de la cabeza el posible polvo.

Ya por la calle Preciados, me encontré a un pobre viejo tocando el organillo. Pero enseguida me di cuenta de lo astuto de la jugada: podía ser esta una estratagema y el organillero ser el famoso organista F. Teixellardón conocido en el mundo entero; pero camuflado como un simple chulapón castizo con el objeto de saber si yo conocía los famosos chotis de nuestra ciudad. Estuve casi otra media hora allí parado, pensando en aquel chico del MSN ¿cómo coño se llamaba? mientras escuchaba aquella música castiza por miedo a que me sacaran en los medios de comunicación como un ignorante musical folclórico. Y venga a tirarle más monedas; bueno, como ya no tenía, empecé a tirar billetes.

Total que llegué a Callao casi dos horas tarde pensando en aquel tío que la verdad yo no conocía de nada. Iba a ser el amor de mi vida; según él, claro. Pero me había dejado plantado. Y yo no tenía ni un duro para cenar. Sin amor, sin polvo, sin cena, sin fama, saqué mi guitarra, me instalé en la parada del metro, puse la funda para recoger las monedas que me quisieran dejar allí y empecé a cantar al desamor:

“La culpa fue del cha, cha, cha
Si, del cha, cha, cha…”